🌿 El Real de San Vicente: un pueblo para descubrir
El Real de San Vicente, situado en plena Sierra de San Vicente, es un pueblo que reúne historia, naturaleza, patrimonio y tradiciones.
Entre sus principales atractivos destaca la Iglesia Parroquial de Santa Catalina, de origen entre los siglos XVI y XVIII, donde encontramos elementos de cerámica talaverana y varias esculturas del siglo XVIII atribuidas a Luis Salvador Carmona.
El agua también forma parte de la identidad del pueblo. Merece la pena descubrir sus antiguas fuentes, especialmente Los Veneruelos, del siglo XVII, que conserva las funciones tradicionales de fuente, abrevadero, lavadero y alberca, además de Los Caños, Fuente Santa, La Cuesta y Los Guijos.
La tradición popular se manifiesta también en sus plazas de toros artesanales, levantadas con madera y otros elementos tradicionales durante las fiestas de septiembre, así como en la Ermita de San Nicasio y los antiguos descansaderos.
Para los amantes de la naturaleza y la historia, la Cabeza del Oso, con su antiguo castro vetón, los Molinos de la Tejea, el Convento del Piélago, los históricos Pozos de Nieve y el sendero PR-TO 52, Sendero de las Fuentes, ofrecen un recorrido por siglos de historia y por los paisajes de la Sierra. El sendero reúne numerosas fuentes, albercas y arroyos.
Y entre sus pequeñas joyas destaca una curiosa Cruz Potenzada en piedra, situada en la fachada de una casa particular y fechada, según la inscripción data de 1603.
En definitiva, El Real de San Vicente es un pueblo para caminarlo despacio, descubrir sus rincones, escuchar sus fuentes y dejarse sorprender por las huellas de quienes lo habitaron antes.
En la Sierra se despierta un pueblo entre montañas,
El Real guarda historias, recuerdos y esperanzas.
Santa Catalina vigila sus plazas y sus calles,
mientras el tiempo se esconde entre piedras y detalles.
Corre el agua cantarina por Los Veneruelos,
y en Los Caños se reflejan los viejos anhelos.
Fuente Santa y Los Guijos guardan su memoria,
cada piedra del camino nos cuenta una historia.
La Cabeza del Oso contempla el horizonte,
con sus huellas de otros tiempos abrazadas al monte.
Los molinos de La Tejea recuerdan al pasado,
cuando el agua daba vida al trabajo cotidiano.
El Piélago entre pinares conserva su misterio,
y los Pozos de la Nieve hablan de un tiempo antiguo.
Rocas que parecen rostros despiertan la imaginación,
y las sendas de las fuentes nos llevan al corazón.
Una Cruz Potenzada permanece en la fachada,
como un pequeño tesoro que la historia dejó marcada.
Y quien conoce El Real, cuando se marcha de allí,
lleva un trocito del pueblo para volver a sentir.






























































