martes, 10 de febrero de 2026

Imágenes de Rutas con Movimiento - El Real de San Vicente (Toledo)

Imágenes de Rutas con Movimiento - El Real de San Vicente (Toledo)
 
 
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Catorce años de polvo y piedra
Me llamo David, y desde hace casi catorce años camino la Provincia de Toledo como quien recorre un libro que no se acaba nunca. No ha sido un viaje rápido ni cómodo. Ha sido lento, paciente, a veces improvisado, otras casi ritual. Pueblo a pueblo. Calle a calle. Historia a historia.
 
He visto cerca de doscientos pueblos toledanos. Algunos grandes, orgullosos de su pasado; otros pequeños, casi escondidos, donde el silencio habla más que las palabras. He aprendido que no hay pueblos sin alma, solo pueblos que esperan a que alguien se detenga a escuchar.
 


 
He estado en treinta y tres castillos. Treinta y tres vigías de piedra que aún miran al horizonte como si esperaran al enemigo, o quizá al viajero curioso que llega sin prisa. Castillos en ruinas, castillos restaurados, castillos olvidados… Todos con cicatrices. Todos con algo que contar.
 
He visto todos los rollos de justicia. Símbolos de un tiempo duro, pero también de identidad. De autonomía. De orgullo municipal. Algunos erguidos, otros maltratados por los siglos, pero todos recordando que allí hubo una comunidad que se hizo valer.
 



 
He recorrido historia, patrimonio y cultura sin necesidad de museos. He aprendido folclore escuchando a la gente mayor, en fiestas patronales, en bares de madrugada y en plazas al sol. He probado la gastronomía como se debe: con pan, con vino, con conversación. Porque comer también es una forma de conocer un lugar.
 
He vivido anécdotas que no salen en los libros. Puertas que se abren solo porque alguien confía en ti. Historias que te cuentan en voz baja. Caminos que no aparecen en los mapas. Momentos en los que te das cuenta de que estás exactamente donde tienes que estar.
 
No todo ha sido épico. Ha habido cansancio, calor, frío, kilómetros de más y planes que no salieron. Pero nunca he sentido que perdiera el tiempo. Porque cada paso sumaba.
Hoy miro atrás y no cuento pueblos ni castillos: cuento vivencias. Y sí, estoy orgulloso. 
 
Orgulloso de haber recorrido Toledo con respeto, con curiosidad y con amor. Orgulloso de saber que, aunque no lo he visto todo, he aprendido a mirar.
Y mientras queden caminos, plazas y piedras que aún no he tocado… el viaje no habrá terminado.
 





 
Caminos de Toledo
 
Catorce años de polvo en los zapatos,
de plazas al sol y sombras de espada.
Doscientos pueblos me abrieron sus calles
sin saber que también me abrían el alma.
 
Treinta y tres castillos vigilan mi paso,
piedra cansada de guerras y tiempo;
y en cada rollo de vieja justicia
late un pueblo que nunca fue silencio.
 
Historia hablada en voz de los mayores,
folclore al ritmo de fiesta y campana,
pan, vino y fuego en mesas humildes
donde Toledo se cuenta y se guarda.
 
No lo he visto todo, pero he aprendido
a mirar despacio, a escuchar el lugar.
Y si hoy digo mi nombre con orgullo,
es porque el camino me enseñó a andar.
 
 
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