Talabayra, la joya amurallada del Tajo
Las murallas, robustas como la fe de los hombres que las defienden, se alzan contra el horizonte, abrazando la medina con su pétreo abrazo. De noche, los vigías recorren sus almenas, oteando el horizonte en busca de sombras cristianas que ansían quebrantar la paz de al-Ándalus.
Más allá de las puertas de la ciudad, los campos fértiles se extienden como un tapiz bordado por la mano de Alá, donde los labriegos trabajan la tierra con paciencia, mientras los mercaderes llenan los zocos de especias, sedas y cerámicas de vivos colores.
El eco de las batallas resuena en la memoria de los ancianos. Cuentan que los reyes cristianos no cesan en su empeño de avanzar hacia el sur, que las fortalezas caen y se alzan según los designios del destino. Pero Talabayra resiste, protegida por sus muros y por la sabiduría de sus gobernantes.
Aquí, en la intersección de caminos y culturas, los sabios recitan versos, los artesanos moldean la arcilla y los guerreros afilan sus aceros, todos bajo la misma luna que baña el Tajo con su luz plateada.
Talabayra es frontera, es refugio, es testigo de la historia. Y mientras el río sigue su curso eterno, la ciudad, con su alma de barro y piedra, permanece impasible, esperando su destino en la danza de la guerra y la paz.
Talabayra es frontera, es refugio, es testigo de la historia. Y mientras el río sigue su curso eterno, la ciudad, con su alma de barro y piedra, permanece impasible, esperando su destino en la danza de la guerra y la paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario