Arranes... el guerrero vetón - Tiempos convulsos en Hispania
El viento silbaba entre las colinas cuando Arranes despertó con el olor a humo. Su poblado, antaño un refugio seguro entre los montes, ardía. Las legiones romanas habían caído sobre su pueblo como una tormenta de hierro y fuego. Con sus jinetes diezmados y los guerreros caídos, los vetones apenas pudieron oponer resistencia.
Arranes había peleado hasta que su brazo no pudo sostener la espada, hasta que el suelo se tiñó con la sangre de los suyos.
Capturado y encadenado, junto a los sobrevivientes, Arranes fue conducido por caminos de polvo y ruinas hasta Caesarobriga. La ciudad, antaño ajena a su gente, ahora era su nuevo hogar impuesto. Allí, entre los muros romanos y la lengua extranjera, se vio reducido a un esclavo, un espectro de lo que había sido.
Pero en su corazón la llama vetona no se había extinguido. Entre susurros, junto a otros prisioneros, hablaba de la tierra perdida, de los verracos de piedra que protegían su memoria, de las noches de festines y guerra. Arranes juró que, aunque Roma lo hubiese sometido, su espíritu nunca se do legaría.
Y así, con el tiempo, en las sombras de Caesarobriga, comenzó a forjarse un nuevo sueño: la esperanza de que algún día los vetones recuperarían lo que les fue arrebatado.
Aquí tienes el relato de Arranes, un vetón que sufrió la conquista romana y el saqueo de su pueblo antes de ser desplazado a Caesarobriga...
David Miguel Rubio
Promotor Turístico en Castilla- La Mancha
Guía de Montaña
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